Nos pareció raro cuando vimos por primera vez una foto del Quilotoa, un volcan con una inmensa laguna en su crater. Como pudo ser que nunca nos enterasemos de su existencia. La verdad, hasta ahora no sabemos por qué un sitio tan hermoso permanece casi en el anonimato. La laguna es increiblemente pintoresca, con tonalidades entre verdes y azules, en fin, hay una palabra que puede describir el sitio: "belleza". Asi que el Clan de Los Aberrados tomo cartas en el asunto y "A conquistar el Quilotoa se ha dicho".

El equipo que viajó al Quilotoa fue el mismo de anteriores viajes. El clan de los aberrados.

Día 1: 22/04/99 "La Partida"

Salimos del Terminal Terrestre de Guayaquil mas o menos a las 22h30 cargados con nuestras mochilas, el cd de Hugo Idrovo y la infaltable cámara de fotos. Nuestro destino inmediato era la ciudad de Ambato. Ciudad elegida como base de operaciones para nuestra travesía.

Del trayecto no hay mucho que contar, fue como casi todos los viajes de noche: Después de que apagan la luz del autobús, todos quedamos profundamente dormidos.

Día 2: "La conquista"

Amaneció muy temprano para nosotros. Habíamos llegado a Ambato. Después de caminar algunas cuadras, conseguimos un hotel donde pasar las siguientes 2 horas, pues no quedaba mucho tiempo para el descanso, había que estar de pié y listos para salir hacia Latacunga, ciudad donde cojeríamos la conexión que nos llevaría a nuestro destino final: La Laguna del Quilotoa.

Eran cerca de las 2 de la tarde cuando por fin llegamos a Zumbahua, habían sido casi dos horas de viaje desde Latacunga, en el que la mayoría de nosotros durmió tratando de continuar el sueño interrumpido la noche anterior. Veíamos cada vez más cerca la hora de llegar al Quilotoa y ver la laguna en su cráter.

Zumbahua es un pueblito a 45 minutos del Quilotoa, su población es en su mayoría indígena y hablan quichua. Aqui uno puede comprar galletas, refrescos y otras golosinas. Allí alquilamos una camioneta para que nos llevara, por fin, a la laguna.

El trayecto desde Zumbahua hasta el Quilotoa no deja de ser impresionante, a cada instante uno ve acantilados y formaciones rocosas increibles, más de una vez tuvimos que hacer parar el carro para tomar fotos. Incluso la gente que uno encuentra en el camino es en extremo pintoresca.

Bueno, no tengo palabras para explicar lo emocionante que es admirar por primera vez aquel cráter lleno de colorido e inmensamente grande. Allí estabamos nosotros, sin hablar, contemplando la laguna vestida de verde y azul, como un espejo gigante donde se miran las nubes. La verdad, fue mucho mejor de lo que nunca hubiésemos esperado. Valió la pena el largo viaje, y sí que valio la pena.

Después de las obligatorias fotos al borde del cráter no quedaba sino una sola cosa por hacer, ... descender hasta la laguna misma.

En sí, bajar no es difícil. Incluso hay una especie de camino. Nosotros hicimos 30 minutos.

Es impresionante ver los matices de verdes y azules con que se muestra el agua. Nos quedamos allí en la orilla, admirando el paisaje y comiendo algo de provisiones cerca de una hora, en la que nos dimos tiempo para fotografiar todo, incluidos algunos llamingos silvestres que pastaban cerca de nosotros. Luego nos tocaría lo más difícil, regresar hasta el borde del cráter.

Subir nos tomó dos horas. La verdad, a esa altura, 3500 metros, caminar 10 pasos se vuelve una dura tarea. Y más aun cuando algunos tramos eran ceniza volcánica.

Llegamos rendidos a la cima, pero satisfechos por la experiencia. Lo más triste fue tener que abandonar ese lugar, pues ya anochecía, solo nos quedaba el recuerdo de un cargamento de fotos y una hermosa experiencia que no se olvida.

Día 3: "El Regreso"

De regreso a Guayaquil, una vez más, trayendo con nosotros otra misión cumplida, y planeando la próxima.

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Ecuador 1999